Mi alma se desangra herida,
Asaetada por la enorme tristeza
De recordar, amargo e impotente
Aquella mirada de gorrión agonizante
Extraviada allende el vacío
Presenciar cómo tu alma se perdía
En perpleja quietud indiferente
Balbuceando palabras robadas
Mientras rellenabas de golosinas
La pobreza de tu boca vacía.
Aquella boca de dulces labios
Que me hablaba y me besaba
Que a veces me reñía e irritaba
Y ahora ni si quiera podía clamar
Ante la muerte acechante
El dolor de tus piernas tullidas
Errando sonámbula por los pasillos
Perdida sin luz y sin sueños
Cuando ya no recordabas las calles
Indiferente a los azules del verano
Me corroe el amor que no supe darte
Cada falso beso y cada embuste
A cambio del silencio y de una paz
Al evocar cómo se iba extinguiendo
Toda la luz que habitaba en tus ojos
Maldigo el destino que arrancó tu alma
Y la arrastró tan lejos de nuestro nido
Cuando cruelmente se fueron apagando
Toda lozanía y esplendor de tu rostro
Y la dulzura de tu mirada.
Reniego de dioses vírgenes y santos
De doctores, de ciencias y sabios
Mientras aquellas células malignas
Como una legión de hormigas voraces
Horadaban y arrasaban tu pobre cabeza.
Maldigo mi absoluta impotencia
Mientras se esfumaba cuanto fuiste y eras
Con la mente esquilmada y asolada.
Como un triste gorrión atronado,
Como una pobre muñeca lisiada
Y ver cómo te ibas sin despedirte
Arropando tu cara entre mis manos
Oír como tu respiración se apagaba
Y tu ausencia se esparcía por los rincones
De tu casa, abandonada.
Me amarga el pan que no comes
Y sobra en la despensa cada jornada
Todas las medicinas acumuladas,
Tu ropa que languidece inanimada
Tus joyas y pertenencias arrinconadas.
Y no encuentro consuelo
Ni en aquellas fotos que guardaba
Ni en el recuerdo de tus palabras
Ni en la huella de tus besos,
Ni en los versos que te canto
Ni en los versos que te canto
Ni en el sueño,
Ni en el etílico olvido,
Ni en el etílico olvido,
Ni en nada.
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