martes, 21 de octubre de 2014

XV Otra vez, Dios se ha equivocado

Otra vez, Dios se ha equivocado
Como un niño distraído,
Como un ciego atolondrado,
Como un torpe desmañado,
Como un viejo demenciado.
Arrojando los dados con su mano
Como un jugador viciado.

Sí, otra vez Dios ha errado.
Se llevó a la paloma blanca
Y dejó al cuervo olvidado
Arrancó la flor más bella
Y dejó todos los cardos
Abatió al gorrioncito pardo
Y dejó al volando al murciélago
Sí, otra vez ese cretino Dios
Ha vuelto a errar su disparo.

Soberbio, desde su trono,
Exigirá ciega fe a su pueblo adoptado
Fidelidad a sus divinas providencia 
Amor y firme lealtad.
Mutado en santo benefactor.
Rezos, cantos de adoración
Y altares bañados en sangre inocente.
Para ensalzarse arrogante
Sobre sus criaturas, humilladas
Y mansamente postradas a sus pies.
Sangre y humos medicinales
De los sacrificios del pueblo de Israel,
De quienes se dicen cristianos,
Y seguidores del Islam.
Bálsamos que aplaquen su cólera
Y la eterna rabia de un soberano frustrado

Hoy, ese Dios tan santo
Otra vez se ha equivocado
Igual que un inútil tarado
O quizá, un perverso bastardo
O el verdadero príncipe de la maldad

martes, 14 de octubre de 2014

XIV Las calles lloran de pena


Las calles lloran de pena
La nostalgia de tus pasos;
Las esquinas se asoman indiscretas
Buscando retazos de tu presencia
Y los escaparates nublan sus ojos
Desnudos y vacíos sin tu mirada.

La ciudad languidece otra tarde,
Otra madrugada, otra noche
Ya no resuenan tus tacones,
Ya no caminas, ni miras, ni corres
Porque faltas cada hora, cada instante

Una obstinada lluvia cae indiferente, 
En la absurda tarde de un domingo,
Hora tras hora, sobre los adoquines
Ahora mudos sin tus pasos,
Vacíos sin tu peso tan ligero
Olvidados sin tus ojos mirando
Desnudos sin tus zapatos.

Las calles lloran de pena
Y la lluvia arrastra sus lágrimas
Entre bordillos desgastados
Y aceras olvidadas
Otra tarde gris de domingo
Porque tú faltas

XIII Brazos abiertos



Me acerco a esos brazos abiertos
Buscando a quien he perdido
O, tal vez, a quien no pude tener
Y regreso, otra vez, derrotado 
Por el peso del silencio y el vacío.

Recorro añorante aquellas calles
Por donde ella transitaba a mi lado.
Yazgo en mi lecho despierto y amargo
Abrazando su ausencia acostada
A mi vera entre blancas sábanas vacías.

Camino cabizbajo renegando de dios
Maldiciéndole salvaje a cada paso.
Una tierna flor se abre a mi deseo
Y la muerdo igual que un asno.
Buscando a quien he perdido
O a quien nunca he encontrado