viernes, 17 de junio de 2016

XXXIV Vencejos


De nuevo llegaron los negros vencejos
Cantando y bailando enlutados
Obstinadas danzas de muerte
Llegaron puntuales a finales de abril
Y sin quererlo te ibas preparando para partir
Perdidas las palabras, 
Y anclada tu mirada en la nada

Danzaban y danzaban negros los vencejos 
Negras guadañas segando los cielos
Mientras  yacías varada en el suelo 
Vagando entre nieblas, lejos de tu lecho
Atónita seguías sus cantos de sirena.
Negras hoces talaban tus sueños
Y rauda escapaba la vida entre tus dedos 

Lejos se fueron ya los negros vencejos
Mediado estaba aquel triste verano
Y fue aquella aciaga madrugada 
Cuando tú echaste a volar con ellos
Abandonaste tu cama, enmudeció tu pecho:
Era un domingo frío, no había ya aves en el cielo.
Tú lo mirabas entre las sedas del féretro

Y así te me fuiste aquel día tan lejos 
Llevándote contigo todos mis sueños
Volando, volando
Entre estridentes cantos,
Entre negras hoces y guadañas
Esquilmando los cielos
Te me fuiste volando, volando...
Con los negros...
Malditos vencejos.