jueves, 9 de julio de 2015

XXVI El borde del desierto

"Regálame tu corazón"
Me dijiste aquella tarde de noviembre
Bordeando un pedregoso desierto.
"¿Podré tener tu corazón?"
Me decía el brillo ansioso de tus ojos,
Aquel mismo brillo pleno de vida
Que se extinguió una noche aciaga de agosto
O, tal vez, aquella misma tarde de sol
En el borde del desierto.

Mis ojos cayeron al suelo
Y nos hundimos con mi silencio
Mi corazón... ¡Ay, mi corazón!
Te habría dado mis ojos, mi lengua
Mis brazos, mis labios, mis dedos
Me habría arrancado el alma
Y la habría puesto en el suelo,
Justo delante de tus pies
En mitad de aquel árido desierto

Pero mi corazón, ¡Ay, amada mía!
Mi corazón lo había perdido,
Ya no te lo podía dar: no estaba conmigo 
Y aquel día de noviembre, a tu lado,
Me encontraba tremendamente vacío 

Y te mentí: "lo tienes ya contigo"
Tú lo sabías: no era la verdad
Tú lo sabías: no estaba conmigo
Tú bien lo sabías: lo había perdido.

Lo había entregado hacía ya tiempo
A una flor en medio de un hechizo
Lo arranqué de mi pecho 
Con mis manos y me quedé vacío.
¡Ay, amor que ahora no lo encuentro!
¿Dónde está, dónde lo he perdido?

Tal vez se haya quedado seco
Como una reliquia olvidada, 
En su urna de cristal, fuera del pecho
Tal vez esté abandonado 
En las laderas del Monte Perdido
O tal vez  pereciera devorado 
Por aquellas exasperadas fieras
De pasión, de rabia y desesperanza

¡Ay mi amor! Igual que aquella tarde
 Me palpo obstinadamente el pecho
Notando aquel oscuro silencio
Como cuando latía tan lejos de ti
En los bordes de aquel desierto