
Y aquella fría tarde,
De primeros de agosto,
Se puso por última vez el sol.
Y tus ojos, velados por el sueño,
Ya no vieron aquel ocaso,
Ni los rayos de la aurora
Pudieron acariciar tu rostro
Envuelta ya entre sedas y madera.
El sol brillaba limpio
En medio de tu noche
Tus ojos, cerrados,
Ignoraban su brillo
Y nuestras miradas,
Y nuestras lágrimas,
Sencillamente, ya no estabas.
Ya nunca más saldrá el sol
Para aquellos ojos castaños
Para aquellos cabellos negros
Ya nunca más habrá besos
Para tus labios rosados
Para tus tersas mejillas
Ya no habrá más dolor
Para tu corazón, parado
Herido de tanto amor y desamor.
Besos que se pierden
Entre el silencio y la nada,
Como los rayos del sol
Que ya no besan tu cuerpo
Caricias errantes, sin dueño
Que no encuentran tus senos
Palabras que escribo herido
Hundido en tu recuerdo.
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