¡Qué pena esa luna tan blanca
Que llena emerge en el orbe!
Una hermosa luna de plata
En un cielo azul verdemar.
¡Qué pena esa luna preciosa
Que ilumina nuestra amargura!
Consolaría esta pena un instante
Si sólo te la pudiera mostrar
Pero no hay paz en la tierra
Y escribo para no llorar
Esa ausencia tuya, tan triste...
¡Qué pena de esta luna tan blanca!
¡Qué dolor no podértela mostrar!
Y decirte suave al oído: mírala, mírala
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